Estrofas de rima asonante y el mismo número de sílabas.                       

 

 

Pareado: Generalmente de uso popular (refranes y adivinanzas). Rima aa o bien AA.

Más vale llave que fuerza

cuando es muy gruesa la puerta

 

Si te pide tu mujer tirarte a un pozo

pide a Dios que no resulte ser muy hondo

 

 

Soleá: Tres versos, rima asonante en primero y el tercero. De ocho sílabas en general, pueden

ser también de seis o de siete.

Tan falso es tu natural

que procurar no mentir

es tu forma de engañar.

 

Copla o Tirana: Cuatro versos, rima asonante en el 2 y 4; en general, versos de 8 sílabas.

Hubo nombre Rafaelillo

el hijo de una tendera

de cuyas cuitas y andanzas

existe alguna leyenda

 

Endecha: Cuatro versos de 6 sílabas, rimando el segundo y el cuarto.

Madre no se encuentra.

Te encontré en la calle.

Te haré un churumbel.

Así serás madre...

 

 

Romancillo: Número indeterminado de versos de seis sílabas, rimando los versos pares.

Madre no se encuentra.

Te encontré en la calle.

Te hago un churumbel.

Así serás madre.

Y recordarás

cuando el hijo marche

que un día su abuela

te entregó la llave

para abrir mi puerta

abajo, en la calle.

 

 

Romance endecha: número indeterminado de versos se siete sílabas, rimando los pares.

Yo tengo que llevarte

conmigo a ver la playa

donde siendo yo un niño

y niña la mañana

me hacía ver el sol

que el mar era de plata

y los barcos veleros

eran gaviotas blancas.

 

 

Romance octosílabo: número indeterminado de versos de 8 sílabas, rimando los pares.

Empiezo pues el romance

donde la historia comienza:

 

Hubo nombre Rafaelillo

el hijo de una tendera

de cuyas cuitas y andanzas

existe alguna leyenda

en los pueblos de Castilla,

que lo parió la Inés Zea.

 

Y quiso la suerte aciaga

que tal parto sucediera

en el, llamado de oro,

siglo en que Lope de Vega,

Gracián, Góngora, Cervantes,

Quevedo y Lope de Rueda

conseguían gloria y fama

la palabra haciendo bella.

 

 

Romance heroico: número indeterminado de versos de 11 sílabas, rimando los pares.

Observan en silencio los pastores

el valle hormigueante de aldeanos,

campanas, almenaras y tambores

al aire lanzan toque de a rebato.

En grupos se dirigen a la iglesia

dejando en la ladera el camposanto

que es tiempo de afanarse por la vida

es ella la que sufre de quebranto.

Inmóvil en la puerta de aquel templo

una cruz de madera entre los brazos

reclama en la distancia a feligreses

ofreciéndoles, si dóciles, su amparo.

 

Y dícele un pastor al compañero:

Más rápido recojo yo el ganado,

un silbo y una ayuda de mi perro

me bastan si lo quiero reagrupado

El otro le contesta con un guiño:

Pastor dice sentirse ese prelado

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