Claudia


 

 

Antonio se admiró una vez más de los misteriosos vericuetos de la genética cuando vio aproximarse la figura, gruesa y oscilante en sus andares, de Genaro.
Recordó su entrevista poco más de media hora antes con Claudia y se esforzó en situar la imagen grácil y felina de la muchacha junto a la que estaba acercándose, ahora, de su padre.

- Hola, muchachote – saludó éste confianzudo a llegar a su altura - ¿cómo van esos progresos?

La cafetería de la empresa estaba a esas horas bastante abarrotada. Antonio observó fascinado la rapidez y eficiencia con que Tania y Ricardo se movían de un lado a otro, atendiendo a todo el abigarrado conjunto de empleados de todas las categorías que, al parecer, habían decidido, sin ponerse previamente de acuerdo, tomar el desayuno de media mañana a la misma hora.

- Es viernes – Genaro, siguiendo la mirada de Antonio, adivinó con razonable precisión los pensamientos del joven – está estadísticamente demostrado que cada semana ocurre lo mismo. Todos andamos con la idea del finde ; de una comida, al llegar a casa, que es el principio del descanso semanal y parece que eso desencadena la idea de desayunar pronto, como si eso se asociara a la lógica de comer también antes y alargar de esa manera el fin de semana...

Perdona – Antonio comprendió entonces que había dejado sin contestar la pregunta de Genaro – estaba de verdad alucinando con la increíble actividad de esos dos – señaló hacia los dos únicos camareros – casi parecen máquinas programadas
.- La amnesia seguramente te ha devuelto la capacidad de admiración- sugirió su suegro- en general perdemos esa facultad por causa de la memoria, de la repetición. Es una ventaja, te has vuelto un poco más virgen en algunos sentidos- sonrió.

- Es posible – aceptó Antonio sin que su tono demostrase demasiado entusiasmo

Hizo una pausa y continuó. – Mis progresos no son los mismos en el aspecto físico que en... el otro. Físicamente estoy como si en realidad no me hubiera pasado nunca nada. Me temo que lo de la... amnesia va a ser bastante más lento y costoso- hizo una pausa y añadió, en voz más baja – sobre todo sus consecuencias.

La primavera se abalanzaba desde unos días atrás con una convicción y soltura tales que conseguían casi hacer olvidar los rigores, apenas semanas antes, del invierno en toda su virulencia. La luz entraba a raudales en la cafetería, la pared acristalada donde se hallaba la puerta de salida proporcionaba una sensación de intensa vida y movimiento, dejando ver a su través el intenso tránsito de personas y vehículos en el mismo centro de la ciudad, donde estaban situadas las dependencias de la Central y la cafetería en la que se encontraban.

¿ Sabes ya algo respecto a las fechas de la vista? – se interesó Genaro.


- El próximo miércoles. Pero, según Juan, se trata realmente de un trámite, tal como están las cosas: al parecer el conductor del coche está dispuesto a declararse culpable y pagar la indemnización pactada con su abogado, así que esa parte del asunto no será complicada.

- Pues me alegro – afirmó Genaro, levantando su vaso de cerveza – te evitarás perder tiempo y energías en algo que podría haberse prolongado mucho, considerando lo que suele enredarse un proceso judicial.

-Sí – sonrió con desánimo el joven – es parte del conflicto no parece que se vaya a alargar.

Genaro le miró pensativamente unos instantes – Mi hija continúa igual, ¿no?
-¿Cómo puede beberse una caña de un solo trago?-la mirada de Antonio osciló con veneración desde su suegro al vaso vacío que devolvía a la mesa. Hizo una seña con la mano y cuando vio que Tania miraba hacia él apuntó con la mano a su propio vaso y levantó dos dedos.
-Claudia – contestó- sigue en sus trece. Si su profesor de Lógica aparece asesinado uno de estos días, comprenderé tus sospechas, y te agradeceré que no las divulgues.
-Pobre hombre...!!!-rió alegremente Genaro- No es culpa suya, te lo aseguro: Claudia ya era así mucho antes de ir a la universidad. De hecho... ¿ no recuerdas, acaso, sus razonamientos, antes de vuestra boda, para exigir...?-
se interrumpió con un gesto de disculpa- perdona, está claro que no lo recuerdas...Es que a veces te veo tan...normal, no sé como decir, que se me olvida por completo tu situación- señaló con un dedo su propia frente, y al ver el gesto de su yerno, a medio camino entre la protesta y la sorpresa soltó una carcajada- Venga, que ya me entiendes...
Reían ambos pero la preocupación y el desaliento seguían acompañando a Antonio.

En el despacho de Juan Pereira, su primo Antonio, medio acostado en el sofá de la recepción preguntó
-¿qué demonios se hace en estos casos, Juan?
-pues tienes varias alternativas, si es que lo preguntas en serio.
-Ya, ya, no me las recites. Ya sé que puedo intentar olvidarme de ella, o seguir fielmente sus instrucciones, o... pero no es eso lo que te pregunto: ¿Cómo se hace para convencer a una mujer de que por muy fuerte que le haya pegado lo de la lógica, todo tiene sus límites? Soy su marido, leñe...!!! Y estoy enamorado de ella como un burro. Y no me puedo creer que haya dejado de quererme por causa de varias premisas y una conclusión. De verdad que este asunto me pone...
-Intenta tomarlo con calma, chaval. En realidad, si lo miras bien, lo que Claudia sostiene no es tan descabellado. Si lo analizamos desde su...
-No me jodas, Juan...!!! ¿ A que va a resultar ahora que te pones de su parte?
Pues sólo me faltaba eso...
-Que no, hombre, que yo estoy a tu lado, ya lo sabes. Pero admite que las construcciones argumentales de Claudia son razonables. ¿No es cierto que has perdido la memoria por completo, en lo atañe a tu vida más reciente?- Levantó la mano para evitar la interrupción airada de su amigo- Déjame seguir, luego me dirás dónde ves tú el fallo, si lo ves. En realidad, tú no puedes recordar nada de tu vida con Claudia, ni siquiera de ella misma antes de que decidierais casaros. No me parece tan absurda la pregunta que se hace: ¿cómo puedes estar enamorado de una mujer por el hecho de enterarte de repente de que estas casado con ella? Y, si no lo estás ¿ qué sentido tiene vivir juntos? Si no la recuerdas, no la conoces, si no la conoces, no puedes amarla. Y no me vengas con eso de que los sentimientos son algo distinto y que las razones del corazón bla bla bla. Los sentimientos hacia una persona se fundamentan en el conocimiento que se tiene de ella. Claudia no va tan descaminada y creo que si quieres solucionar este problema tendrías que, al menos, intentar entender su postura.

Antonio se levanto de un salto del sofá y se encaró con su primo- Querido mío-se hizo el melifluo- ella NO está amnésica, ELLA me recuerda perfectamente, si ELLA me quería no existe razón para que no me quiera, y si ELLA me quiere ELLA tendría que estar encantada de vivir conmigo. Puedo entender sus dificultades y sus dudas respecto a lo que me ocurra a mí, pero, puesto que me conoce no puede obviar lo que sabe de mí y yo no miento ahora, eso lo sé, y tengo que suponer que ELLA sabe de mí que yo no miento, especialmente en lo tocante a mis sentimientos... y me toca mucho los pirindolines que, ahora, tú...
- Calma, calma, no te pongas así- Juan rodeó con un brazo los hombros de Antonio y se acercó con él a un mueble-bar. – Tienes que entender que quiero ayudaros, pero ¿qué puedo hacer si Claudia se cierra en banda y tú te subes a la parra cada vez que se intenta buscar un punto de inflexión etcétera, etcétera?- Sirvió dos lingotazos terapéuticos y añadió- Mira, te diré lo que vamos a hacer...
-







Claudia y Antonio hicieron un dos tres sus y levantaron, cada uno desde un lado, el televisor, Antonio sostenía el cable entre los dientes y ambos caminaron despacio y cuidadosamente hasta sacar el aparato del dormitorio.
Lo descargaron luego con suavidad sobre el sofá de la sala, su nuevo destino, y Antonio volvió atrás en busca de la mesita.

Claudia abrió, mientras tanto, el maletín de ejecutivo que descansaba sobre uno de los sillones; sacó de su interior un cuaderno y se movió con rapidez para esconderlo un cajoncito del secreter; luego puso cara de distraída y volvió a acercarse al televisor cuando su marido hubo depositado la mesita en el lugar correspondiente

- Bueno – suspiró él cuando el proceso estuvo finalizado – se ha hecho tarde, nos vemos a las seis en lo de tus padres, ¿vale?

Se besaron, ella reteniéndole sólo por fastidiar, sabiendo que tenía prisa él con una sonrisa forzada se deshizo del abrazo, la volvió a besar y salió escapado a la calle.

Claudia se acercó al secreter, descolgó el teléfono e hizo una llamada

Hola, mamá, soy yo - casi cantó – oye, que esta tarde cuando salga Antonio, venimos a veros. Sí, muy contenta, todo está genial, ya te contaré. Pues sí, parece increíble, es verdad, pero... te aseguro que ha sido como un milagro. Bueno, de todo, de todo...no, vaya. Pero recuerda la inmensa mayoría de lo que se refiere a nosotros. Fíjate que precisamente hoy me ha dado la sorpresa y ha decidido que, puesto que nunca me había gustado tener la tele en el dormitorio, la trasladásemos a la sala. Pues no sé, mamá, muchas cosas...espera que piense...
Claudia sostuvo el teléfono entre el hombro y la cara, abrió el cajón y sacó el cuaderno; abrió al azar una de sus páginas y dijo:
-Mira, por ejemplo, hace unos días me recordó cuando, antes de la boda, me dio por exigir que comprásemos una enceradora aunque los suelos de casa no fueran de madera...ah, y, espera, ayer me describió con todo detalle como era el perro de la tía Puri, sí, aquel que atropelló un camión...

Al otro lado del teléfono, la madre de Claudia miró significativamente a su marido y a Juan; levantó el dedo pulgar y los tres cruzaron satisfechas miradas de inteligencia.

Cuando Claudia colgó el teléfono, sólo pudo cruzar su intensa mirada de intensa inteligencia con la imagen reflejada en el espejo de la sala. Pero le gustó. Y se convirtió suave y lentamente en una sonrisa de ternura imaginando la de intensa, intensa, inteligencia que con seguridad Antonio estaba luciendo en ese momento mientras conducía hacia la oficina.