Angie

 

 

Apenas conseguí decir nada mas que hola como estás; y, mas adelante, Angie creo que estás muy nerviosa, deberías calmarte. El resto del tiempo, aproximadamente una hora, ella habló sin parar, sin detenerse un segundo; era como un torrente de palabras que te sorprendía en los primeros minutos para ir después manifestándose como algo natural, Angélica iba hablando y tú ibas comprendiendo que su vida era un torrente y por eso sus palabras también brotaban como un torrente incontenible. Su historia es así: A sus veintitrés años Angie estudia contabilidad y cuida de una casa en la que viven su padre, su hermano Alex, de 20 años y dos bebes gemelos que son hijos de Alex. Los fines de semana, además, Angie tiene que cuidar también de un tercer bebé que tampoco es suyo. ¿de quien? de Alex.... Aficiones de Angélica: game boy, tele, pasear, internet. Tiene que cocinar, arreglar la casa, cuidar de la ropa propia, la de su padre, la de su hermano y la de los bebés. En realidad ella siente que tiene un bebé, su hermano, al que cuidar desde que murió la madre de ambos; y el bebé de marras es un auténtico desastre. De hecho, el padre no lo soporta y ya lo botó de casa, así que Alex va a irse a vivir a una casa que está terminando de construir y la duda de Angie es si va a irse a vivir con él, como le dijo a su padre que haría cuando éste tomó la decisión de enseñar la puerta de la casa a su hijo. El cual es jugador profesional de baloncesto, tiene una tienda de recambios de automóviles y está, en palabras de su hermana, completamente loco, pero ella le quiere y tiene que cuidarse de él ; ya ha cometido muchos errores graves, dice, y si lo deja irse solo teme que vuelva a cometer mas. Tenía una novia de 14 años cuando dejó embarazada a una amiga, dejó a la novia por la amiga, la cual murió en el parto, la familia de ella reclamó judicialmente a los mellizos, pero, tras la decisión del juez, ellos pasaron a manos de su padre, es decir, de su abuelo, es decir, de Angie...Mientras tanto, la novia abandonada de 14 años , su familia, le organizaba otro lío judicial a Alex por no se sabe bien que historias con la cría antes de abandonarla; luego Angie se dio cuenta de que Alex estaba jugando con una prima de ambos y les recriminó su irresponsabilidad, pero cuando, poco después, la prima en cuestión declaró estar embarazada de Alex, Angie les ayudó frente a las iras de las dos familias y ellos se casaron... para divorciarse cuatro meses después. El bebé de su prima está con Alex ( con Angie ) los fines de semana. Comprendes? Dice Angie, estoy harta de responsabilidades y de cuidar bebes que no son míos... Además, para cuando ella se echa un novio, Junito, éste resulta ser un amigo de su hermano, que juega en el mismo equipo de baloncesto de su hermano y que está tan loco como su hermano, y eso es algo que ella no puede soportar, de modo que decide dejarlo, pero él sigue importunándola, le manda un mail, dice ella, con solo tres frases cortas y estúpidas, jajajaja, dice ella, te las voy a mandar para que veas lo estúpido que es “Hola, fierecita”, dice el mail ...te das cuenta? Dice Angie, me llama fierecita y eso no me gusta “Te lucen muy bien esos pantalones negros, pero deberías ser mas recatada.” Al principio, dice Angie , yo le complacía y me ponía la ropa que a él le gustaba, pero luego me encontré que yo no puedo vestir como una monja para que después, además, él ande mirando por la calle a las chicas que llevan faldas muy cortas y blusas muy cortas, para eso me pongo la falda corta y la blusa corta yo; no voy indecente, pero voy a la moda, no es mi culpa si me he hartado de vestir como dice junito, ahora visto como me da la gana. “Qué lástima que seas una fiera, eres un bomboncito” ¿Ves qué estúpido, dice Angie, porqué me llama fiera? Me gusta que me digan cosas lindas por la calle, ya sabes, piropos, pero no me gusta que me digan cosas vulgares que ofenden. Acá la gente tiene la costumbre de decir dame de eso, arroz, arroz, que carne ya hay mucha...a mi eso no me gusta. Ahora estoy con las tres s :soltera, sin compromiso, solicitando...es broma, eh? Mi padre está neurótico y menopáusico, en parte es culpa de Alex, pero ha sido muy duro con él y lo ha botado de casa. Mira, te diré mi opinión, dice Angie... Y vuelve a empezar el torrente.

A mí Angie me cae bien, no puedo evitarlo; es cierto que ha habido algún momento en que he estado pensando en mandarla a paseo, porque yo en realidad lo que quería era escribir un rato, y el suyo no era el tipo de conversación que te permite estar en dos sitios a la vez. Pero luego su verborrea me fue absorbiendo la atención, hasta que me olvidé por completo de mi intención de escribir, y me dediqué plenamente a seguir sus historias.

Tiene un par de años más que mis hijas, cuida de su padre, de su hermano, de los hijos de su hermano. ¿Quién cuida de ella? Me pregunta insistentemente si comprendo; que ella va a vestir como le de la gana, que su novio se vaya al güano, que está harta de ser la responsable de todo, que si comprendo.

2

En Granada, en el comienzo de la cuesta que conduce a los turistas a la Alambra, una gitanilla de unos siete años sostiene en brazos a su hermanito de apenas un año de edad, mientras la madre de ambos se acerca a los turistas para leerles la mano. La niña está medio apoyada en la pared, y por un lado es claramente perceptible que el peso de su hermano está resultando algo excesivo para sus fuerzas, seguramente porque ya hace tiempo que lo tiene en brazos; de vez en cuando tiene que empujar con sus manos hacia arriba, de forma mecánica, para volver a colocar al pequeño, que se le había ido resbalando, en su sitio. Por otro lado, curiosamente, la sensación al mirarla es de que no es consciente de estar cargando peso alguno, su atención está pendiente de los turistas que pasan ante ella y sin duda se ha olvidado de que tiene a su hermano en brazos

La gitana le está diciendo a mi amigo, solterón impenitente, que hay en la palma de su mano una mujer morena con la que compartirá su vida y que le dará tres churumbeles. Yo no quiero que me vea la cara que se me pone ante tamaño desatino, sé que las gitanas se pican mucho a veces si se les lleva la contraria o te ríes en sus narices de sus profecías, doy la espalda al lugar donde mis amigos estén con ella y me alejo unos pasos. Cuando me detengo estoy frente a dos ojazos enormes, negros como el carbón que me miran fijamente. Yo sonrío a la niña y ella devuelve la sonrisa y me enseña a su hermano pequeño, y yo no se si una niña me está enseñando a su hermano o una madre me está enseñando a su hijo, o una confiada pequeñaja me está enseñando su muñeca con la que juega a mamás y bebés.

Pasan corriendo junto a nosotros una bandada de gitanillos que se adentran en un callejón; por unos segundos, la mirada de la niña ha cambiado, les ha seguido con añoranza, pero luego, al perderlos de vista, ha vuelto a su propio mundo, a su hermano, al turista que tiene delante y que ¿le dará quizá unas monedas?, a su madre que ha terminado sus profecías de pitonisa faraónica y a mis amigos que me llaman para comenzar la ascensión hacia la Alambra...

Granada la Bella nos ha recibido ese primer día de viaje con un cielo nublado y una lluvia finísima que apenas se siente. Huele todo el camino a flor de azahar y cuando llevamos cumplida la mitad de la cuesta, me giro y miro hacia abajo. La gitanilla sigue apoyada en la pared con su hermano en brazos, su madre está leyendo la mano a unos alemanes con aspecto de wikingos.

¿Porqué Angélica me ha hecho recordar esa escena de un viaje a Granada?

3

Angélica la responsable y la desamparada, ¿quién cuidará de ella, mientras ella cuida de todo el mundo?

Ha pasado tiempo hasta que he vuelto a encontrarla por segunda vez. No parece la misma, apenas puedo recordar en ella aquella avalancha de palabras y de historias. Contesta a mi saludo con una extraña, para mí, brevedad. Y a poco que intento anudar conversación, sus respuestas denotan, si no desconfianza o renuencia, sí al menos una considerable timidez. Es obvio que recuerda haberme contado todo aquello, y que eso es lo que la retrae, pero por alguna razón no quiere o no puede tampoco despedirse y dar por terminado el contacto. “¿Ha pasado algo, Angélica, algo que te preocupa?” “No... bueno, sí, pasó, pero no se...” “No sabes si quieres hablar de ello, eso es lo que hay” “No, prefiero no hablar, pero ¿te irás si no lo cuento?” “Claro que no me iré porque no hables de lo que no quieres hablar, que tontería” “Verás es que ahora no sé si quiero hablar, pero puede que más tarde, si me das tiempo...” “De acuerdo, Angie, dejemos que pase el tiempo y sepas de que quieres que charlemos y de que no quieres, no hay problema. Dime, qué hay de Alex? O es ese precisamente el tema en cuestión?” “No, Alex está bien, no pasa nada con él; bueno, dentro de lo que cabe, claro, sigue tan loco como siempre y yo no sé nunca con qué nuevo desastre se va a presentar...pero eso es lo normal en él” “Has decidido si te vas a vivir a su casa?” Silencio. “¿Angie?” Silencio “¿Estas ahí?” ............. ..............

“sí, estoy aquí...” ¿qué pasa? ¿estás bien?

“no, no estoy bien; ya nos veremos otro día, besos”

4

Aunque no todas, algunas de las historias de internet son como la de Angélica. Alguien aparece y al poco rato te está contando su vida, y luego desaparece y tu sabes que has hablado realmente con una persona que está ahí , en algún sitio, pero que probablemente no volverás a saber nunca más de ella. Tampoco sabes si nunca has sabido de ella, verdaderamente, si nada de lo que te ha contado es cierto, si existe Alex, si lo único que ocurrió entre la primera y la segunda conversación es que, en ésta, no había ganas de fabular más.

Pero, después de pensarlo un poco, no importa gran cosa si es de esa manera o de otra. Hay una Angélica, de eso estoy seguro, que me hace recordar inevitablemente la gitanilla de Granada, a la cual vi con mis propios ojos sin tener nunca que dudar de si es o no es alguien real. Alguien a quien no vuelves a ver nunca, alguien lejano y distante, medio perdido en la bruma de la memoria. Pero tan real y auténtico como las personas con las que te cruzas cada día en la calle.

Cuando quiera puedo unir cuatro ensamblajes de la historia de Angie, y escribir un cuento, que parecerá, supongo, tan real o tan irreal como lo que acabo de escribir de una historia en internet.

¿Es cierta, esa conversación de unas horas con Angelica?¿Es un cuento que mi imaginación ha inventado?¿Quién sabe si cualquier día vuelvo a encontrarla y lo que ella me cuenta da origen a un cuento de esos de internet?