El vagabundo
Esta mañana, al salir temprano hacia mi oficina he podido distinguir entre la fría neblina un altivo aceitunero de los que cita el poeta
Bajo el frío de febrero dormía, arrebujado, el aceitunero altivo sobre un banco de madera.
Yo supe que estaba vivo porque me acerqué a su lado y entre sus labios de cera oí escapar un gemido ¿soñaba?
Tal vez entonaba el cante profundo, medio dormido, de aquél andaluz altivo que un día se hizo emigrante dejó su país nativo y mirando hacia delante se marchó de aquél, su mundo, lejos de sus olivares en busca de puerto franco.
Ahora duerme sus pesares, como cualquier vagabundo, en la madera de un banco.