El vagabundo


Esta mañana, al salir
temprano hacia mi oficina
he podido distinguir
entre la fría neblina
un altivo aceitunero
de los que cita el poeta
Bajo el frío de febrero
dormía, arrebujado,
el aceitunero altivo
sobre un banco de madera.
Yo supe que estaba vivo
porque me acerqué a su lado
y entre sus labios de cera
oí escapar un gemido
¿soñaba?
Tal vez entonaba el cante
profundo, medio dormido,
de aquél andaluz altivo
que un día se hizo emigrante
dejó su país nativo
y mirando hacia delante
se marchó de aquél, su mundo,
lejos de sus olivares
en busca de puerto franco.
Ahora duerme sus pesares,
como cualquier vagabundo,
en la madera de un banco.