El mar 





Una barca, y un surco en forma de uve
en aquel mar que parecía blanco
un murmullo de piedras ovaladas
que la espuma movía en su regreso.
Junto al agua, sentados en un banco
de madera, te di mi primer beso;
planeaba gaviota ensimismada
y en el cielo aquella única nube
vigilaba que nadie interrumpiera
Yo era un niño, tú eras la primera
dolorosa presencia de ternura 
en un alma que nada comprendía
de aquel miedo de que todo acabara.
El mar iba y venía; y se acercaba
a nuestros pies descalzos, parecía
que acariciarlos juntos le bastaba
para dejar recuerdo, que aún perdura
de un instante de perfecta armonía
en que, siendo dos, no sentimos uno.
El sol descendió lento hacia el ocaso
las sombras de tu pelo en la mejilla
me juraban que, ya sin miedo alguno,
fuera largo mi tiempo o fuera escaso,
yo tendría conmigo a esa chiquilla
mientras hubiera facultad de amar
lo que durase, pues,  toda mi vida
Cuando te añoro, voy a la salida
del malecón del puerto, junto al mar.