El perfume
Ella era de verdad hermosa. Su ojos azules y enormes destilaban paz y profundidad a su alrededor. Ella era hermosa porque su propio interior estaba rebosando hermosura y paz. La naturaleza le había proporcionado, como por añadidura, un rostro limpio, de piel blanquísima y suave que no hacía sino resaltar la profundidad de sus ojos azul oscuro y sus labios rojos sin necesidad de pintura.
Cuando la conocí quedé enganchado en su simpatía y cordialidad, mucho más que en su físico; fueron otros, amigos o conocidos, que al verme salir con ella me comentaban que vaya adquisición, y que, si nos dejábamos, no olvidase avisarlos en primer lugar, antes de que llegasen otros moscones.
Ella había venido a mi ciudad a estudiar español, desde los verdes campos de Francia. No sabía decir te quiero, ni tampoco sabía decir tienes ojeras
Te quierro, decía, y luego añadía, tienes ojejas, porque se hacía un lío con ojeras y orejas.
Su larga melena rubia era una sedosa trampa mortal para mis dedos que en ella quedaban atrapados sin poder salir de nuevo hasta que ella simulaba sentir una leve presión hacia delante y cedía amorosa y dócil acercando sus labios a los míos.
Terminó el curso de español para extranjeros, pero se quedó a vivir en mi ciudad, en casa de unos amigos. Algo se había decidido entre nosotros sin siquiera hablar de ello.
Un día me dijo: tienes que decirme si te gusta el perfume que uso. Si voy a quedarme a vivir aquí, tengo que demostrarle a mi padre que soy capaz de ganarme la vida sin su ayuda económica, y eso significa trabajar, hacer números y distribuir mis ingresos de la forma mas razonable. Uso un perfume caro porque creo que te gusta, pero si no es así, debes saber que no me sobrará el dinero, a partir de ahora.
Tu perfume me encanta, contesté acalorado. Cuando acerco mi nariz a tu cuello para darte mordisquitos me parece entrar en un bosque después que la lluvia ha amainado.
Como se nota que no lo tienes que pagar tú, dijo ella
Bueno, tu perfume me gusta, pero en realidad, si lo piensas bien, corregí, es probable que cualquier otro no tan caro me gustase igual, llevándolo tú. La parte del bosque húmedo y tal no es la más importante de tu cuello, y pienso…
O sea, que llevo todo este tiempo poniendo todo lo que puedo de mi parte para resultarte agradable, y ahora resulta que he estado haciendo tonterías, porque a ti, de todos modos…
No, tonterías no, verás, tu perfume es algo que me acompaña cuando tenemos que separarnos, y te aseguro que en la soledad de mi dormitorio acudo a menudo a mi pituitaria para conseguir rememorarte de tal forma que…
Lo que me estás diciendo es: o llevas ese perfume o no te rememoro, pero si te pones cualquier otro, tanto me da. Eso es lo que me estás diciendo.
Ella era hermosa de verdad, ya lo he dicho. Sus inmensos ojos azules como un lago de aguas quietas y profundas, lo que he explicado de su melena rubia, todo…ella era genial.
Pensar que un estúpido perfume se lo cargó todo…