Cuitas del escudero Ginesillo

 

 

 

Pues que vos sois caballero

decidme, mi buen señor...

¿será ofender al honor

unir amor y dinero?

Esperad, os lo sugiero.

no echéis mano aún a la espada

permitidme, antes que nada,

que os lo explique algo mejor.

Todo empezó en un rumor

ayer, en la madrugada...

 

 

Vos sabéis que nunca espero

que amanezca la alborada

y, aún con la luz apagada

de la luna, alzarme quiero

para arribar el primero

al mercadillo de frutas

pues evito así disputas

con soldados, verduleros,

felones y escuderos,

y, a veces, algunas putas

Andaba yo ya escogiendo

vianda de desayuno

y detrás de mí alguno

le iba al de al lado diciendo

(yo no escucho, pero atiendo)

La reina, nuestra señora

aunque diga que le adora

desposó a ese extranjero

por causa de su dinero

que es lo que a ella enamora

Callad la boca, pardiez,

contestó el otro, altanero,

quizá el rey tenga un dinero

no digo que no, tal vez,

mas la reina tiene diez

no ensuciéis su limpio honor

¿porqué cuestionáis su amor

si es él hermoso, agraciado,

culto, listo, bien plantado?

Y ¿quién sabe? A lo mejor

funciona bien en la cama.

Que si es pensamiento errado

mirar tan sólo el tocado

para juzgar a una dama,

también la razón reclama

observar si el extranjero

a más de tener dinero

ostenta otras prebendas

para nocturnas contiendas

de dama con caballero.

¿Entendéis, ahora, señor?

Lo que me tiene confuso,

perplejo y patidifuso,

es que sabiendo el fervor

que ponéis en el honor,

que lleváis mano a la espada

por él, buscando estocada,

por el honor, obcecado,

del amor, enamorado...

dinero...no veo nada.

 

 

 

 

Cuitas del escudero Ginesillo - 2

 

 

Esta noche, señor, aquella dobla de a veinte

nos da para garbanzos y una sopa caliente

llenaréis vuestra tripa, caballero valiente

si sobraren garbanzos este pobre sirviente

holgado se sintiera en hincarles el diente

pero comed sin prisa, lo mío no es urgente

que estoy aún digiriendo mi comida reciente

castañas, dos bellotas y un rabo de serpiente

Querría, sin embargo, pediros una manta

que cubra, si es posible, mis pies y mi garganta

se que no la merezco, pero mi fiebre es tanta

que tengo tiritonas, y el frío ya me espanta.

Por supuesto, yo os juro, mi noble caballero

que lo que en modo alguno quisiera ser, ni quiero

una fuente de gastos para vuestro dinero

que oscila entre las deudas y entre el número cero

Quizá sea el momento de ver la conveniencia

pues que a cero tenemos el ánimo y paciencia

de agarrar el acero que es vuestra única herencia

y honrar a vuestro padre, que os pasó la tenencia.

 

Que es noble la tarea de alquilar vuestra espada

sirviendo a nuestro rey, engrosando su mesnada

con vos tendréis mi escudo cubriendo cuchillada

mas las del hambre y frío, cuchillas aceradas

mi escudo en nada sirve, y vuestra espada...de nada.

 

 

 

 

Ginesillo se quebró el pie-3

 

 

Han querido los hados retozones

hacerme doblegar el pie de un lado

Dios castiga mis sueltas maldiciones:

Tengo el pie quebrado

Mi señor, en un pronto de dulzura,

una rama de fresno me ha entregado

ahora salto apoyado en la natura

sólo un pie calzado

Mi señor, Dios lo asista, es caballero

sus andares son firmes, decididos,

yo procuro usar el fresno con esmero

por no ser despedido

Mas, si liba, su ritmo modifica

y su avance se vuelve más torcido

esas noches el fresno me suplica

y yo así lo pido

"Ved, señor, que los dioses no le han dado

a los árboles querencia circular

mirad de regular vuestro trazado

o me la voy a pegar"

Menos mal que en el fondo de la calle

ha encontrado mi amo una tahona

y en ella decidió dormir la mona

es todo un detalle.

 

 

 

 

Presentación de mi señor -4

 

 

 

Mi señor, que ha por nombre el de Ifigenio,

es de todos sus coetáneos conocido

por el sobrenombre que le dio su ingenio.

Es el caballero del pendón torcido.

Pues su pendón, tan enhiesto en el pasado

se abatió ligeramente hacia la Meca

al comprenderse Ifigenio enamorado

de una dama...que era todo menos seca.

Era en verdad, esa dama, apasionada,

y su sonrisa una fuente de dulzura

tropezó mi caballero con la dura

realidad, al descubrir que era casada.

Y casada, nada menos, con un conde

muy celoso vigilante de su amada.

Mi señor, cuando sospecha una bajada

de tensión, llama al pendón, y éste responde.

Desde entonces el pendón anda caído

Mi señor, de vez en cuando, se emborracha

tal parece que va siempre distraído

su vivir es una eterna mala racha

Solamente se le ve más animado

y parece algo más dueño de su flema

cuando a veces, por el vino que ha tomado,

le dedica a la condesa algún poema.

 

 

Mi señor y la Navidad-5

 

Cada año, al llegar las navidades

yo cepillo a conciencia los ropajes

de mi amo y señor; ni aún los pajes

de monarcas, plenos de vanidades,

osarían toserle a mi trabajo.

Bruñida con esmero la su espada

se la entrego tan nueva y plateada

que tanto brilla el plano como el tajo.

Él peina sus mostachos hacia abajo

y afila los extremos retorcidos

Yo he lustrado sus botas a destajo

Finalmente salimos muy cumplidos

a lucir ambos dos nuestro trabajo

sobriamente, sin vernos presumidos...

 

Este año, vive Dios, que Navidad,

voto a tal, arribó en muy mala hora:

la Parca, que ni corre ni demora,

decidió nos recordar la veleidad

que es pensar en un tiempo venidero;

hundió su fría mano en la condesa

y el alma de mi amo quedó presa

en cadenas de horror y desespero.

Por eso es que en Semana Santa quiero

rogar al Santo Padre: no más muerte

de nuestro Dios, por así tener la suerte

que no haya de nacer antes de enero.

 

 

De cómo Ginesillo descubre medievales amores internautas-6

 

Os juro, porque es verdad,

que no es mi estilo fisgar

lo que ahora voy a contar

lo sé por casualidad.

Estaba mi amo durmiendo

muy tremenda borrachera;

no era en verdad la primera

pero sí, según entiendo,

la que más mereció cama

pues que le llevó a ella

el recuerdo de su bella

la defunción de su dama.

Sentíanse sus ronquidos

por toda la habitación

y yo, buscando un rincón

donde aliviar mis oídos

fui a adentrarme en un armario

que estaba medio vacante

(la ropa, si es elegante,

requiere más de un denario)

Allí me encontré un legajo

de papeles manuscritos

abrílo, pues, sin mas ritos

y leílo – con trabajo

ya que era la luz discreta

por no decir deficiente-

entonces vi, de repente,

que mi señor...es poeta

Aquí les dejo una muestra

para que vuestras mercedes

que navegan por las redes

la pongan en la palestra

Juzguen si mi amo y su dama

no se amaron en un foro

aunque, eso sí, con decoro,

y sin llegar a la cama:

 

 

"Me presento, mi amada, en este foro

nada más porque sé que en él escribes

yo, mortal que si vive es porque vives,

para el cual tu palabra es su tesoro.

La palabra que sale de tus labios

es la miel perfumada de la abeja,

la caricia que vence la perpleja

parquedad de mis dedos presidiarios

Nuestro amor, que no puede entender nadie,

hallará, sin embargo, aquí su nido

yo no diré tu nombre, sólo pido

que de tu verso, cuando amor irradie

y desborde mi corazón transido,

sepan todos que no es para un don nadie

es para mí, el del pendón torcido"

 

Yo ruego a vuesas mercedes

que disculpen mi osadía...

es grande cosa, a fe mía,

( en plan de "cosas veredes")

descubrir que un caballero,

antes de ir a las Cruzadas

y se las dieran bien dadas,

entró en Internet, primero...

 

 

Sirviendo al Rey-7

 

 

La moral de mi amo más que hundida

por el triste final de sus amores

sus recursos menguaban tal que flores

marchitas... todo se iba en la bebida.

Decidí que era tiempo de remedio

y agarré a mi señor emborrachado.

Sin saber qué firmaba, fue alistado

una cruz pequeñita, abajo, en medio,

de un escrito en el cual se declaraba

dispuesto a formar parte de las tropas

del Rey Nuestro Señor...que había pocas,

y al turco eso mucho aprovechaba.

Salimos pues, en noche tenebrosa

cruzando el mar en nao bien dotada

pensando yo, obviamente, en la soldada

y mi señor pensando en otra cosa...

Que su mente enturbiada por el vino

y su alma fundida en los pesares

daban poco en juegos malabares

mucho más en llorar su triste sino.

En estas condiciones la galerna

que horrísona en Sicilia salió al paso

provocó en nuestra ruta tal retraso

que temí vislumbrar la Edad Moderna.

Olas grandes, montañas de amenaza,

mi señor, un guiñapo en el sollado,

vive Dios, pensé yo, qué buen soldado,

mezcla mal agua y vino nuestra raza.

Llegados donde el turco, finalmente,

apenas nuestra escuadra organizada,

nos llegó de cañón tal andanada

que escuadra y cartabón conjuntamente

giraron de compás doscientos grados,

mi nave quedó presto sin mesana,

la mayor mas dudosa que fulana

y el capitán se encomendó a los hados.

La suya decisión es comprensible

lo cual no significa que acertada

pues los hados no hicieron nunca nada

por quien, mísero, lucha en la imposible

aventura de huir de la pobreza

matando para no perder la vida

Nuestra nave, ay dios, muy malherida,

cayó en manos del turco. Y mi cabeza

pasó a tener tarifa de mendigo

y lo mismo le ocurrió a mi señor,

(que con el turco no hay trato de favor)

de modo que creedme cuando os digo

que pasamos los dos en tierra extraña

-de eso soy culpable, y me maldigo-

a sentir en el fondo de la entraña

lo que es la libertad, cuando perdida,

y lejos, amo y yo, de nuestra España,

esclavos nos hallamos de por vida

 

 

Mazmorras-8

 

 

 

Andaba mi caballero

dando tumbos por el vino,

él, como yo, con cadenas

duro hallamos el camino

hasta la fría mazmorra

donde el turco dijo, en vano,

aquí os sentiréis en casa...

(muy gracioso, el otomano)

Nos sentamos en el suelo,

no había sillas a mano.

Al poco vi a mi señor

llenar un papel de besos;

acerquéme preocupado

pues del vino los excesos

es de todos bien sabido

que pueden quemar los sesos,

y a mí sólo me faltaba

encontrarme que a mi amo

la sesera no le andaba;

esto leí en el papel:

 

 

 

"Tus versos

 

Tus versos iluminan mi sendero

cuando en brumas galopa mi caballo

tus versos me regalan sol de mayo

en un invierno frío y embustero.

Yo seré, bien lo sabes, caballero

no más tiempo que tú seas mi dama

mas siempre lo serás, porque la llama

de tu fuego, me tiene prisionero.

Tu verbo es como un dardo que, certero,

mi corazón divide en dos mitades

una mitad es dura como acero

escudo de mi dama y sus bondades

la otra es un grito lastimero

que enfrenta cada noche soledades.

Soledades de cuerpo tembloroso

en mi lecho de célibe soldado

que se acerca a la muerte entusiasmado

si es la muerte tu rostro, tan hermoso

Soledades, sabiendo que tu esposo

cada noche se acerca hasta tu lecho

fría espada se aloja entre mi pecho

e impide que mi cuerpo halle reposo.

Blasfemo de mi suerte y mi destino

velando en mis insomnios de locura,

pero al fin sale el sol, y el desatino

se termina, y vuelvo a la dulzura

de esos versos suaves como el vino

que destilan tu alma y tu ternura.

No quiero despedirme sin un fino

pensamiento de calma y de ventura:

pues que está tu marido, bella dama,

con alzeheimer, embolia y calentura

sé que un día tu cuerpo tan divino

recitará tus versos en mi cama."

 

Entonces se me hizo claro

que mi amo en el dintel

se hallaba de la locura

puesto que lo que su vate

un día le había inspirado,

hay que estar bastante orate

para pensar que entregallo

a su amada era posible,

y, con ese afán, besallo

La duquesa era difunta

y mi amo, el muy capullo,

quería enviarle versos

encadenado en el trullo...

 

 

 

La huída-9

 

 

No quisiera yo pecar de impertinencia

vuesas mercedes decidan si hacer caso,

pero quiero aconsejarles, por si acaso,

que consideren, si es que es su conveniencia,

reflexionar, mucha calma y más paciencia,

cuando vayan de paseo por Turquía.

Recomiendo visitar Santa Sofía

los baños turcos y la Mezquita Azul

pero, por mucho que estén en Estambul...

No se acerquen a mazmorras, a fe mía...!!!

 

Pues nosotros estuvimos de turismo

reconozco que obligados, a la fuerza,

a pan y agua, a veces una berza.

Cierto es que a él, encerrado en su espejismo

todo le daba, más o menos, lo mismo;

pero yo, que aún me hallaba en mis cabales,

decidí que, si valía dos reales

lo que mi vida quisiera depararme,

tenía que escapar, morir o fugarme

antes que lamentar mi suerte y mis males.

Soborné a mi guardián con firmes promesas

de que en España había gays a millares

prestos a inventar mil juegos malabares

y de nalgas tiernas, dulces como fresas.

Aquel Mustafá, después que en una mesa

los pros y los contras se hubo estudiado

resultó salirme tan afeminado

que fingió seguirme en mis planes de huída

pensando ofrecerme en la misma salida

lo que sólo al llegar se había pactado.

Juro ante mi Dios que aunque sea un chiquillo

siempre tuve claro mis condicionantes

nunca intereseme en ciertas variantes

por mucho que haya nombre Ginesillo;

el "aquí te mato pues aquí te pillo"

pareció ser propio de aquel otomano

pues en plena huída ya me metió mano

tuve, así, que darle una cuchillada

con su propio alfanje, y en menos de nada

vendar su muñeca, no soy inhumano...

 

 

Volviendo a casa-10

 

 

 

Reparen vuesas mercedes

que es viaje de vuelta duro

el que se hace con apuro:

corres, sabiendo que puedes,

por muy poco que te enredes,

ser, otra vez, apresado

y, por lo tanto, encerrado

con tu amo y con el manco,

que estaba, para ser franco,

totalmente acojonado.

Él, que además de otomano,

era – os conté – mariquita,

no sabe evitar, no evita,

al correr, alzar la mano,

y ondular, si es que está sano,

el trasero, mientras corre

por ver si alguien le socorre

en su angustia existencial;

correr así va muy mal

(poco espacio, se recorre).

Mi amo, por otra parte,

tampoco ayudaba mucho:

corre mucho más un chucho

aunque sea cojo, en parte,

pues no se distrae en arte

mayor o menor de un verso

distraído en el perverso

truco, contar con los dedos.

Yo corría con denuedo

para quedar luego inmerso

en la duda de esperar

que el marica y el poeta

-cogí más de una rabieta-

me llegaran a alcanzar

Paré, al final, en un bar

para dar tiempo sobrado

de alcanzarme el rezagado

Y cuando llegó mi amo

ya recitaba en marchamo

de soneto, pie quebrado.

Fue, pues, difícil camino

conseguir volver a casa

y la escasa

ración de pan y de vino

que, por cosas del destino,

pude en el bar robar yo

se acabó

Una duda me atosiga,

decidme, antes que siga:

quebrar pie, en la espinela

¿es rococó?

 

 

 

A España se vuelve en copla-11

 

 

Tras muy larga travesía

llegamos por fin a Izmir

con la idea de salir

en un barco, de Turquía.

Y cierto es, a fe mía

que para hacer el viaje

era menguado equipaje

el que mi señor traía

Rotulador punta fina

y unos trozos de papel

era todo lo que él

llevaba; yo, una aspirina

para enfrentar la cansina

reiteración a be a be

"Creo que ya me la sé:

esto es cuarteta, es muy fina"

El turco, aún más ligero

llevaba sólo una mano

por aquél su intento vano

de calibrar mi trasero.

En realidad fue el primero

que tal bobada intentó

quizá es que le confió

ver sin escudo a escudero.

En fin, que nos enrolamos

vestidos de marinero.

No fue el viaje un crucero

de placer. Reconozcamos

que si, cuando viajamos,

la visa se queda en casa,

luego pasa...lo que pasa,

con nuestro pan lo comamos.

Descendiente del Profeta

el turco nos dio la murga,

rezaba como si purga

le diera su madre en teta

Y la fiesta era completa

cuando mi amo, impasible,

lo hacía aún más horrible

machacando la cuarteta.

Después de mucha paciencia,

lejos ya los Dardanelos,

y la moral por los suelos,

vi la costa de Valencia

Oh Divina Providencia...!!!

Que yo urdía, vive dios,

arrojarlos a los dos

al mar, con extrema urgencia.

 

 

 

 

 

 

En Valencia-12

 

 

 

 

Llevaba el capitán turco

bandera blanca en su barco;

bien hizo, pues que no es parco,

según nuestras tradiciones,

en fuegos artificiales

el valenciano; y cojones

le sobraban para hundirnos

por menos de dos reales.

Pusimos al fin pie en tierra,

con emoción besé el suelo;

Por las barbas de mi abuelo

con el peligro que encierra,

manteniendo esa postura,

tener al turco detrás,

lo juro por barrabás,

puse una mano a la altura

de donde mi anatomía

mayor peligro corría.

Parecióme lo mejor

buscar do nos hospedar

Así dije a mi señor

el cual, después de dudar,

guardó su rotulador

y nos pusimos a andar.

Salido hubimos del puerto

mi tripa llena... de hambre,

era la parte del cuerpo

más ruidosa, un enjambre

de abejas en ella había.

Mi señor, tal parecía,

algo más de medio muerto.

El turco nos precedía

la su mano entera alzada,

la del muñón escondía

y no le importaba nada

si la gente se reía,

cuando se contoneaba.

Llegamos, pues, a un hostal

"del berberecho" llamado

A mi señor, obcecado

no le pareció, al fin, mal

Pues cuando dijo, el pesado,

"sólo rima con acecho"

yo, que ya estaba cansado,

repuse, hemos llegado

señor, a lo hecho, pecho.

Después que lo hubo pensado

se quedó más conformado.

El cuarto resultó estrecho:

decidió la mayoría

en cómputo de dos tercios

con mesura y sin desprecios,

ya que así se había votado

que a todos nos convenía

que el turco durmiese atado.

Llegado es el momento

de comentar la elegancia,

la donosura y prestancia

de mi señor; luego os cuento

a santo de qué, este inciso,

desde ahora ya os aviso

el tema tiene importancia.

Era, pues, el mi señor

alto y muy bien parecido

el su talle bien ceñido

el su porte retador;

portaba en la su mirada

de ojos negros y almendrados,

muy sabiamente mezclados

el fulgor de la su espada

con dejes almibarados.

Que era de él bien conocido

su talante decidido

a luchar espada en mano

para el honor defender

ante cualquier ser humano

pero que, ante una mujer

-y más si era una dama-

fácil le era, rendido,

antes de luchar, caer

-mejor caer en la cama-

La su faz era calmada

el semblante relajado

el su brazo era esforzado;

la mencionada mirada

a menudo había acabado

haciendo, a marido, astado,

si era, su mujer, hermosa:

hubo a mi amo bastado,

por más que fuera virtuosa,

haberla una vez mirado

como sin querer la cosa...

Si el relato interrumpí

con la cuestión que os preciso

es porque enseguida vi

que esta vez la suerte quiso

ayudar, por vez primera,

y debe constar aquí:

quien comandaba el hostal

para bien o para mal

resultó ser hostalera.

 

 

 

 

 

Ginesillo y el terceto encadenado-13

 

 

En Valencia instalados, la hostelera

resultó ser persona cariñosa,

y, con quien yo me sé, muy zalamera.

No era, por fortuna, hembra celosa,

que su gran corazón se conformaba

derramando su afecto alrededor

y sin nada pedir, por lo que daba.

Decidió por entonces mi señor,

en espera de ver tiempos mejores,

regalar a otros hombres estocadas

en su afán de a mujeres dar favores,

diciéndolo en palabras más menguadas,

se alquiló mi señor de espadachín,

que cobrar por batirse en delegado

de clientes habíalos sin fin

en un país de lindo y apocado

mequetrefe luciéndose en la corte

consiguiendo firmeza en el dinero

y si había que mantener el porte

contratar al efecto a un pordiosero.

Pordiosero, no tal fue mi señor,

que tal cosa impidiera su hidalguía

mas su propio sentido del honor

de ninguna manera permitía

que una dama por él agasajada

tuviera que echar mano a faltriquera

en pagando condumio o bien posada

por mucho que la dama consumiera.

Así pues, mi señor buscó trabajo

ofreciendo lo que mejor tenía

la su espada, de noble y firme tajo

y el su brazo, su fuerza y valentía.

Escudero, tenía yo una daga,

aunque poco la había utilizado

pues el turco, después de ver la paga,

sus ardores había atemperado.

Acompañaba, pues, a mi señor

una noche de gatos todos pardos;

junto a la iglesia (Cristo del Gran Favor),

de regreso los parroquianos tardos,

a la luz de dos tímidas farolas

columbró mi señor a dos mujeres

en un portal, en sombra, las dos solas.

La más alta mirónos con fijeza

y en llegando nosotros a su altura

rascóse pensativa la cabeza

y mostrando una cierta cara dura

comentó con la otra- la más baja-

veo dos donde hubiera de ver tres

aquí hay algo, sospecho, que no encaja

mi señor hizo un giro del revés

y la encaró: ¿hablabais de nosotros?

La mujer contestó con desparpajo

qué remedio, no veo que haya otros

y ¿qué os lleva a tomaros el trabajo

de contar con los dedos cuantos somos?

Señor, dijo la baja, ella es vidente

a veces tiene pálpitos o asomos

Y ¿qué has visto en nosotros, de repente?

(mi señor parecía mosqueado)

Pues no sé, mi señor, precisamente

vi pasar un terceto encadenado...

pero dos sois vosotros, no hay más gente.