De un cuento hindú


Ven, siéntate en mis rodillas
que voy a contarte un cuento
para que sueñes historias
cuando nos llegue el momento
de llevarte a tu cunita,
taparte bien hasta el cuello
y alisar los hilos de oro
que Dios te dio por cabello.
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“Era y no era...una niña
tan hermosa como tú...
En un reino muy lejano
donde crecía el bambú
y saris de mil colores
se mezclaban en las calles
entre millones de flores;
un día que en el mercado
la niña se paseaba,
vio pasar a un aguador:
un anciano que cargaba
sobre los hombros un palo
con dos enormes vasijas
cada una en un extremo.
La niña vio dos rendijas
en una de las tinajas
y vio el agua que caía;
tuvo lástima del viejo
el líquido que perdía
no lo podría vender...
Y le dijo, buen anciano,
compra una vasija nueva
y no perderás el agua
que recojas, cuando llueva...
¿ no ves que esta no te sirve?
El aguador contestó:
A lo largo del camino,
desde donde vivo yo,
cada día echo simientes
a uno de los dos lados
y crecen allí más flores
que en los campos y en los prados,
pues las riego al caminar.
De esta manera yo vendo
además de agua, belleza.
Me parece que lo entiendo
dijo la niña, contenta,
las flores son muy hermosas
El anciano sonrió:
entenderás muchas cosas
cuando seas más mayor
y veas, como a vasijas,
que a todos nos salen grietas
y serás tú la que elijas.
De nuestras limitaciones
podemos sacar provecho
o podemos perder agua
llorando pena y despecho.”
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-Abuelo...¿yo tengo grietas?
-No, mi reina, no las tienes,
tú eres, de entre las nietas
del mundo, la más hermosa.
...Pero tu abuelo...está lleno...
Por eso, recuerda el cuento:
Cuando me veas que peno
porque los años me pesen...
por rendijas...porque sí...
hazle un favor a tu abuelo
y me lo cuentas tú a mí.